Episodio 4: Cuando una empresa deja de serlo
En el episodio 3 hablamos del tecnofeudalismo
En el episodio 3 hablamos del tecnofeudalismo y descubrimos que no necesita coerción explícita. La dependencia hace el trabajo sola. Como the citado, no te quitan la libertad de elegir, te dan tantas opciones, tan bien seleccionadas, que el resultado está determinado antes de que empieces.
Este episodio lleva esa lógica al territorio del Estado.
Palantir Technologies tiene un nombre extraño para una empresa de software. Lo tomaron de Tolkien, de los palantíri quienes eran piedras videntes, artefactos que permitían ver a distancia y —en manos equivocadas— ser usados para vigilar y sembrar ilusiones en las mentes de quienes los miraban sin estar preparados.
No es un nombre accidental. Es una declaración de intenciones disfrazada de referencia literaria.
Los clientes fundacionales de Palantir han sido agencias de inteligencia estadounidenses.
Su plataforma Gotham fue diseñada para operaciones militares e inteligencia, para rastrear personas, identificar redes, predecir comportamientos, coordinar operaciones en tiempo real.
Su segunda plataforma, Foundry, expandió ese modelo hacia el sector gubernamental civil, cubriendo ministerios, sistemas de salud pública, cadenas de suministro nacionales.
Y su plataforma más reciente, AIP, integra modelos de lenguaje directamente en flujos de decisión operacional, incluyendo decisiones militares. No como apoyo, como componente activo del proceso.
«Palantir no analiza datos para que tú decidas. Palantir estructura el espacio de lo que es posible decidir.»
En el tecnofeudalismo de los episodios anteriores, la lógica de las grandes plataformas opera sobre ciudadanos, fracturando la sociedad y moldeando comportamientos, extrayendo rentas de atención y datos, generando dependencias difíciles de abandonar. Es un poder enorme, pero es; en cierta medida poder sobre individuos.
Lo que Palantir representa es algo cualitativamente distinto, es el poder sobre las instituciones que supuestamente nos representan y protegen. No opera sobre ciudadanos, opera sobre los sistemas que los Estados usan para gobernar y esa diferencia no es de grado, es de naturaleza.
Cuando Palantir gestiona los sistemas de inteligencia de un gobierno, los datos que ese gobierno necesita para funcionar pasan a vivir en una infraestructura privada. El Estado no pierde la información formalmente, eso si; pierde la capacidad de procesarla sin Palantir, generando dependencia no de datos, de cognición institucional. Osea, es la colonización del Estado
Una capacidad estratégica que un Estado no puede ejercer sin un proveedor privado específico, ha dejado de ser soberana en cualquier sentido operacional. Puede seguir llamándose soberanía en los documentos, en la práctica, es una licencia que el proveedor puede retirar, modificar o condicionar. En la realidad es Soberanía subcontratada.
En una democracia, las decisiones que afectan a los ciudadanos tienen en teoría un principio de trazabilidad, ya que detrás de cada política hay un proceso, detrás de cada proceso hay actores identificables, detrás de esos actores hay mecanismos de rendición de cuentas. Es un ecanamiento imperfecto, lento, burocrático, capturado y manipulado a menudo por intereses —pero existentes—. En esta realidad en gestación, el problema de la opacidad estructural.
Cuando esas decisiones pasan por sistemas algorítmicos privados, la cadena se interrumpe. No porque haya voluntad de ocultarla, sino porque la lógica interna de un modelo entrenado sobre datos clasificados, no tiene forma legible de explicarse ante un gobernante, parlamento, un juez o un periodista. La opacidad no es un defecto del sistema y de paso; una consecuencia estructural de cómo funciona.
Palantir ha respondido a estas preocupaciones argumentando que sus sistemas ayudan a los humanos a decidir mejor, no a reemplazarlos, aunque esa es una distinción importante en el papel, también es una distinción que se vuelve progresivamente más difícil de sostener en la práctica a medida que la integración se profundiza, los tiempos de decisión se comprimen y la dependencia institucional crece.
El Estado no ha perdido el control, ha externalizado las capacidades necesarias para ejercerlo y esa externalización tiene contrato, tiene renovación y tiene precio.
Palantir es un símbolo, no solo un caso
Es su postura, Varoufakis no elegiría a Palantir como ejemplo central si el argumento fuera solo sobre esta empresa, la elige porque encarna de forma más explícita que ninguna otra, la convergencia de las tres tendencias descritas en esta serie de episodios.
En resumen:
Del primer episodio evidencia el relevo ideológico. Palantir no necesita el discurso del libre mercado para legitimarse. Se legitima con el discurso de la seguridad nacional, la eficiencia operacional y la superioridad tecnológica. El algoritmo no necesita convencerte de que es justo, solo necesita volverse indispensable. Es el fin del neoliberalismo, la ideología que se jubiló a sí misma cuando dejó de ser útil para quienes la sostuvieron
Del segundo episodio, el Cloud Capital en su forma más concentrada. Los datos que Palantir maneja —sobre personas, amenazas, patrones de comportamiento a escala nacional— son la forma más valiosa y menos regulable de capital que existe y estarán en manos privadas. Cloud capital, el poder sin dirección postal. No produce bienes; produce comportamientos y dependencias.
Del tercer episodio, la dependencia feudal aplicada, no a consumidores; sino a gobiernos. Un Estado que no puede prescindir de Palantir para operar su inteligencia, no es soberano respecto a Palantir. Es, en términos estructurales, su vasallo tecnológico. El tecnofeudalismo te llevara a que ya no compras en un mercado; habitas un ecosistema. Ya no eliges; eres optimizado.
Si el poder ya no se negocia en mercados, sino que se ejecuta en el código; si las instituciones democráticas fueron diseñadas para un tipo de capital que ya no es el dominante; si la soberanía puede subcontratarse hasta volverse nominal, entonces las categorías con las que pensamos el poder político necesitan revisión. No ajuste, revisión.
Qué significa gobernar cuando las herramientas de gobierno pertenecen a alguien más?.
Palantir no es la causa del problema, es su síntoma más legible. Varoufakis no busca demonizar a una empresa. Es desplazar la mirada de la tecnología como herramienta, hacia la tecnología como estructura.
Es moverse de preguntarse si un sistema es bueno o malo, hacia preguntarse; qué tipo de mundo produce el hecho de que ese sistema exista y sea necesario. Ese desplazamiento es inquietante, porque no tiene respuesta fácil; pero es, probablemente, la pregunta más importante que podemos hacernos sobre el mundo en el que ya vivimos.
Es este cuarto episodio, es Palantir como símbolo, cuando la lógica feudal opera sobre Estados en lugar de consumidores, haciendo que la soberanía se vuelva nominal.