Hay una versión cómoda de esta historia.

Que hace una empresa de ciberseguridad hablando de esto?, eso dirán, calma, calma, ya lo verán.

Dice que el neoliberalismo colapsó bajo el peso de sus propios errores, entre ellos; la desigualdad que generó, las crisis financieras que no pudo evitar, la promesa de prosperidad que nunca llegó a los de abajo. Esa versión es parcialmente cierta, hasta que Yanis Varoufakis propone una lectura menos cómoda.

Yanis Varoufakis es un economista, académico y político griego conocido por su papel central durante la crisis de deuda de Grecia y por sus críticas al sistema económico global contemporáneo. En los últimos años, Varoufakis ha ganado relevancia como pensador crítico del capitalismo digital.

El neoliberalismo no murió por fracaso. Fue jubilado cuando dejó de servir a quienes realmente lo sostuvieron.

Durante casi medio siglo, el mundo occidental operó bajo lo que Varoufakis describe no como política económica, sino como dogma, una fe. La convicción de que el mercado —libre, desregulado, dejado a su propia lógica— produciría orden y prosperidad casi por ley natural. No era solo una teoría de cómo asignar recursos, era una cosmología sobre cómo debía funcionar la sociedad.

Y como toda fe que funciona, su poder no estaba en ser demostrable, sino en ser útil.

La ideología del libre mercado cumplió una tarea que ningún decreto podría haber logrado: justificó la liberación del capital financiero de cualquier control significativo. Permitió que los flujos de dinero cruzaran fronteras sin fricción, que los bancos operaran con apalancamientos impensables, que el sector financiero creciera hasta representar una porción grotesca de las economías desarrolladas.

«El neoliberalismo era política. Si! y también era el relato que hacía posible todo lo demás.»

Lo más revelador del período neoliberal no fueron sus éxitos, fueron sus fracasos y lo que ocurrió después de ellos la crisis asiática de 1997, el estallido de la burbuja dot-com en 2000 y el colapso de 2008 —el mayor desde la Gran Depresión—. Cada uno de estos eventos debería haber cuestionado el modelo; en algunos casos, lo hizo brevemente, pero el edificio ideológico sobrevivió, por que los responsables de gestionarlo también eran sus principales beneficiarios. Se rescataba a los bancos, se socializaban las pérdidas, y el dogma continuaba.

Esto no es una conspiración, sino algo más banal y más sistémico… cuando una ideología coincide con los intereses de quienes toman decisiones, tiene una resiliencia extraordinaria frente a la evidencia contraria.

El problema no era que el neoliberalismo fallara, sino que, mientras fallaba, seguía siendo el mejor relato disponible para justificar la concentración de poder existente.

Entonces, ¿qué cambió?

Varoufakis señala que no fue una crisis moral, ni un despertar político. Fue un cambio en el tipo de capital que organiza la economía.

El capitalismo industrial —el que el neoliberalismo estaba diseñado para facilitar— necesitaba mercados de bienes, flujos financieros, propiedad privada de activos físicos.

El punto de quiebre es que el cloud capital que emergió en las últimas dos décadas es diferente en su naturaleza, porque no necesita los mismos marcos regulatorios, ni las mismas instituciones, ni la misma ideología legitimadora y cuando el tipo de capital dominante cambia, la ideología que lo justifica también cambia. No por votación, no por debate intelectual, simplemente porque los nuevos detentores del poder no necesitan el viejo relato. Necesitan uno nuevo.

Eso es lo que Varoufakis está describiendo cuando habla del techlordism, es decir; no solo un modelo económico diferente, sino un sistema de poder que ya no requiere al mercado como árbitro, ni al Estado como regulador distante, ni al ciudadano como agente soberano. Lo que requiere, en cambio, es dependencia, la misma que estructuraba el feudalismo, pero ejecutada en código.

El neoliberalismo no fue derrocado, fue reemplazado por algo que sus propios beneficiarios consideraron más conveniente. El capitalismo industrial necesitaba la ética del trabajo, la propiedad privada y el libre mercado. El Cloud Capital necesita algo distinto y ese detalle cambia todo lo que viene después.

En esta serie, hablaremos a continuación del Cloud Capital, para entender que pasa cuando el poder se vuelve invisible.

Y si!, todo tiene que ver con tecnología, inteligencia artificial y ciberseguridad.